Dentro de una oficina había un escritorio y en él se encontraban un monitor, una cpu, un mouse, un teclado, una impresora, un scanner, dos bocinas y un módem. Vivían juntos, unidos por la electricidad, los cables y las labores de una secretaria que trabajaba ocho horas diarias.

Todo iba bien con este equipo computacional hasta que la impresora reveló su amor por el módem. Ella era gorda, torpe, se le trababan las hojas y necesitaba cambios constantes de cartuchos de tinta. Por otro lado, él módem era popular, rápido y aunque era pequeño, muchas funciones importantes dependían de él. Para la impresora, el módem era perfecto, a pesar de que constantemente tiraba la conexión.

Fue un amor a primera vista: al viejo módem, que era un dispositivo negro y obsoleto, le dio un ataque al pelearse con la linea de teléfono y fue sustituido por un nuevo módem; joven, funcional y de internet inalámbrico. La primera vez que la impresora lo vio fue cuando lo estaban instalando y nunca antes había visto algo tan sexy, electrónicamente hablando.

Pronto se volvieron grandes amigos pero la impresora siempre le ocultó su amor. Vivía bajo los encantos del módem y por eso nunca vio que el scanner se moría por ella. El scanner siempre amó a la impresora pero nunca se lo confesó, a pesar de ser compatibles por puerto usb.

Nadie sabía el secreto de la impresora hasta que un día se lo confesó a las bocinas. Las bocinas eran hermanas gemelas que vivían en constante pleito por conectarse a los audífonos. Eran escandalosas y chismosas, que al saber lo de la impresora, rápidamente le informaron a el resto del equipo computacional.

El módem al enterarse que tenía una pretendiente no tuvo otro remedio que decirle la verdad: era gay y sostenía un romance con el monitor, que era de plasma y de diecisiete pulgadas. La impresora primero entró el shock y se le trabó la bandeja de las hojas. Después, entro en un estado de depresión. El teclado y el mouse, inseparables amigos, corrieron a darle consejo y a estar con la impresora. Sus intentos por reanimarla y sacarla de la crisis amorosa fueron vanos. La impresora no podía dejar de llorar tinta.

Al poco tiempo, la impresora se descompuso y fue sustituida por una más nueva, más delgada y de láser de, la cual, el scanner profundamente se enamoró. Se casaron y escanearon e imprimieron muchas hojas. El teclado y el mouse siguieron igual de amigos y se ligaron cada uno, una bocina. Mientras tanto, la cpu fue seducida por el regulador de corriente y murieron juntos en una descarga eléctrica. La secretaria se acostó con el jefe y recibió un aumento.

Y vivieron conectados para siempre.